UN PEDIDO DESESPERADO POR PAZ, PAN Y TRABAJO

3 septiembre, 2019

UN PEDIDO DESESPERADO POR PAZ, PAN Y TRABAJO

Nuestro pueblo sufre una situación desesperante. A la destrucción del trabajo y el poder adquisitivo del salario, se suma la emergencia alimentaria que padecen millones de familias que no cuentan con lo necesario para llevar el pan a sus hogares. Esto se potencia con la angustia que genera la inflación, la inestabilidad económica y la vulnerabilidad institucional de nuestro país, con un gobierno que no ofrece respuestas ni siquiera para los reclamos más urgentes.

Los movimientos populares hemos sido perseguidos y demonizados en incontables ocasiones por este gobierno, aunque los funcionarios que interactúan con nosotros saben perfectamente que, en el trabajo, la organización y la lucha, siempre buscamos garantizar los derechos sociales y la convivencia democrática en nuestro país. Nunca jugamos a la desestabilización política, pero tampoco vamos a quedarnos callados frente a los atropellos sociales en un contexto de urgencias.

Los movimientos populares no hemos nacido para soportar silenciosa y pasivamente la miseria sino para transformar la vida y convertir la consigna “Tierra, Techo y Trabajo” en una realidad efectiva para todos y cada uno de los argentinos y argentinas. Por eso desde hace muchos años asumimos la necesidad de visibilizar las múltiples exclusiones que sufre nuestro pueblo pobre con nuestra presencia masiva y pacífica en la calle y el espacio público, ámbitos donde mal que le pese a algunos intolerantes, también se construye la participación democrática.

En este momento tan dramático para los más humildes, queremos hacer un aporte a la paz social. Nuestro mejor aporte es la solidaridad proyectada como clamor por la satisfacción de las necesidades vitales de quienes hoy ven peligrar su subsistencia. Este aporte se hace efectivo en el trabajo invisible de decenas de miles de compañeros y compañeras en los distintos espacios de contención e integración comunitaria para los excluidos que con amor llenan los estómagos vacíos de los que no tienen pan. También lo haremos en los reclamos a las autoridades, en los que hemos decidido desarrollar una metodología de lucha a través de jornadas de trabajo solidario, ollas populares y presentación de leyes, evitando metodologías que puedan ser interpretadas o utilizadas maliciosamente, tanto por los medios de comunicación como por aquellos que buscan demonizarnos.

En este sentido venimos solicitando al Gobierno Nacional la declaración de la Emergencia Alimentaria para reforzar las partidas de alimentos en comedores y merenderos escolares y comunitarios en todas las provincias del país. Se trata de cientos de miles de centros comunitarios que desbordan con una demanda creciente de vecinos desesperados y que para colmo desde hace más de quince días no reciben elementos básicos como la leche. Según el Ministerio de Desarrollo Social la razón de estos faltantes radica en problemas administrativos con los proveedores. Es indignante que cuando el hambre campea en la Argentina, en vez de reforzar la asistencia alimentaria, esta se reduzca con la excusa de cuestiones burocráticas. El Gobierno no puede evadirse de su responsabilidad de garantizar el derecho constitucional a la vida, que nos asiste a todos los argentinos y argentinas, votemos a quien votemos.

Insistimos en el reclamo de recomponer el poder adquisitivo del Salario Social Complementario y la jubilación mínima que son la fuente de ingreso de los trabajadores activos y pasivos más vulnerables de nuestro país. Sectores que hasta ahora no han sido contemplados por ninguna de las medidas tomadas por el gobierno. El Aumento del salario mínimo, vital y móvil, decretado por el gobierno en forma unilateral, no permite que nuestros compañeros superen si quiera la línea de indigencia. El miserable bono de 900$ decretado para los jubilados de la mínima, excluye además a los más pobres entre ellos, es decir, a casi dos millones de ancianos de la llamada moratoria. Es una crueldad inaceptable.

Es absolutamente imposible que las organizaciones comunitarias y movimientos populares podamos contener la desesperación de nuestro pueblo pobre si el estado no garantiza condiciones elementales de subsistencia. Como todos sabemos los más afectados son las dos puntas de la pirámide social, que el Papa Francisco define como “la fuerza de un pueblo”: los niños y los ancianos”. Advertimos que medidas como la emergencia social y alimentaria constituyen un mínimo necesario para sostener la paz social en el país, y responsabilizamos al gobierno por las consecuencias inevitables que producirá si sigue con su indiferencia frente al clamor de los excluidos. No hay en este planteo ni una pizca de amenaza muy por lo contrario expresa un pedido desesperado de auxilio a las autoridades gubernamentales. Nosotros sabemos bien quienes son los que sufren cuando todo estalla y estamos poniendo el cuerpo para evitarlo.

Este miércoles reclamaremos nuevamente la emergencia social y alimentaria realizando una jornada nacional solidaria con ollas populares y actividades comunitarias en todo el país. Asimismo, a movilizarnos al Congreso Nacional a reclamar la aprobación de una versión unificada de los siete proyectos que tienen Estado Parlamentario. Convocamos a todas las organizaciones a evitar provocaciones y sostener métodos de protesta que no puedan ser desvirtuados por aquellos que quieren demonizarnos. Asimismo, solicitamos a diputados y diputadas de todos los bloques a sintetizar en un solo proyecto las distintas propuestas de emergencia alimentaria y les pedimos que prioricen la deuda con el pueblo por sobre los intereses mezquinos de los grupos financieros.