Hablan de aguantar pero el hambre no espera

5 abril, 2019

Arrancamos un año que va a ser convulsionado. Los datos de la UCA como los del INDEC ya expresan con crudeza la gravísima situación que vive un porcentaje cada vez más alto de argentinos y argentinas. El desempleo ya alcanza un 35%, el 28% de la población enfrenta carencias en materia de atención médica, medicamentos y alimentos, más de 13 millones y medio de personas en Argentina son pobres y la mitad de los niños y niñas del país viven en la penuria.

Hoy los movimientos sociales nos movilizamos junto a otros sectores organizados de nuestra clase trabajadora. Todos y todas bajo la consigna “Unidad, producción y trabajo argentino”. A esto le sumamos la Emergencia Alimentaria. UNIDAD porque consideramos necesario y urgente fortalecer el diálogo entre los trabajadores y las trabajadoras argentinas y generar una unidad de acción para construir un programa que represente nuestros derechos y demandas. PRODUCCIÓN porque vemos con extrema preocupación la cantidad de fábricas y comercios que están cerrando frente a una apertura indiscriminada de importaciones de productos que se producen en nuestro territorio. TRABAJO porque las estadísticas muestran cómo crece el desempleo mientras el Gobierno Nacional retira drásticamente su apoyo al trabajo cooperativo y la Economía Popular.

El impacto del descalabro económico sobre los productos alimenticios hace cada vez más caro el costo de vida, producto de la inflación y la devaluación, pero por sobre todo producto de políticas que tienden a fomentar monopolios en la producción de alimentos, y así es como tres o cuatro multinacionales son las que definen el valor de lo que comen los argentinos y argentinas.

Tomar leche todos los días es algo imposible para la mitad de los niños y niñas de nuestro país al igual que realizar las cuatro comidas diarias. En muchos casos esta necesidad era cubierta en los comedores escolares, pero vimos con preocupación cómo los cerraban y desfinanciaban en todo el país. El resultado de esto fue que las ollas populares de numerosas organizaciones sociales, que se hacían para ayudar a las familias esporádicamente, comenzaron a convertirse en comedores diarios donde centenares de personas garantizan su única porción diaria de alimentos. En los últimos meses el Gobierno Nacional incumplió incluso con la ayuda y el acompañamiento que brindaba a muchos de estos comedores.

No vemos que haya alternativa de cambio que mejore esta situación, sobre todo cuando el Gobierno hace oídos sordos a los reclamos de tantos sectores perjudicados por la grave situación económica que atraviesa Argentina.

Podemos pensar en procesos en los que hemos trabajado en conjunto el Estado y las organizaciones y que evitaron que el descalabro social sea aún mayor: La Ley de Emergencia Social es un claro ejemplo, que fortaleció en los primeros años las unidades productivas de la Economía Popular y generó un colchón que permitió que cientos de miles de familias no caigan en la indigencia. El Relevamiento Nacional de Barrios Populares que permitió tener un diagnóstico claro de la situación habitacional de millones de argentinos y argentinas, trabajo que llevaron adelante de manera casi voluntaria miles de compañeros y compañeras de la Economía Popular y que permitió los lineamientos generales de las políticas que hay que llevar adelante para avanzar en la urbanización de esos barrios. Ambas políticas aprobadas por unanimidad en ambas cámaras legislativas, producto del trabajo mancomunado de organizaciones sociales, ONGs, Iglesia, funcionarios, Gremios y profesionales.

También hemos logrado avanzar en la lucha contra el narcotráfico y las drogas, a través de diversas actividades comunitarias y espacios que las organizaciones hemos construido a pulmón, en soledad y con compromiso, porque estamos hartos de ver cómo el negocio más rentable del mundo se lleva la vida de los más pobres del mundo. Es por eso que exigimos a la SEDRONAR y al Gobierno nacional que cumpla con los acuerdos a los cuales se comprometieron el año pasado, para fortalecer las instituciones barriales y las casas comunitarias.

Lo productores y productoras de verdura semanalmente realizan verdurazos para poder acercarle verduras a precios accesibles para muchísimos consumidores y al mismo tiempo denunciar la ausencia de políticas públicas para acompañar al sector de la Agricultura Familiar.

La ausencia de medicamentos accesibles hace aún más criminal la situación de pobreza de nuestros y nuestras compatriotas. Decenas de miles de trabajadores y trabajadoras de la Economía Popular han sido dados de baja o no se abona su Monotributo Social o Agropecuario, dejándoles sin cobertura de salud en un contexto de extrema vulnerabilidad.

El diálogo no significa sentarse una vez por mes para decirnos lo mismo. El diálogo para quienes gobiernan debería significar la escucha real de los planteos realizados por diferentes actores sociales y trabajar materialmente en la solución de los mismos. “SI SE PUEDEN” realizar esas soluciones, ya que así lo demuestra la historia reciente como fue el caso de las Leyes anteriormente mencionadas.

Lamentamos enormemente la actitud que ha decidido tomar el Gobierno Nacional frente a nuestros reclamos, desoyendo y criminalizando al sector que representa a las franjas más frágiles de nuestro país en términos económicos y sociales, es por eso que estamos en la calle y es por eso que vamos a seguir la pelea, porque es eso o el abismo.

Pedimos la Emergencia Alimentaria porque creemos que hay que fortalecer los comedores escolares para que literalmente no exploten. Y también a los comedores barriales, esos que funcionan en iglesias, clubes, sociedades de fomento, veredas, casas, centros culturales o locales sindicales, que son los que intentan garantizar el acceso a un plato de comida a miles de familias que están pasando hambre.

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